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Bad Bunny deslumbra en la Super Bowl con una odisea puertorriqueña y un mensaje de unidad latinoamericana

Bad Bunny convirtió el espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl LX en algo más que un show musical: fue una declaración cultural, política y emocional que celebró la identidad latina en Estados Unidos y en todo el continente.

Bad Bunny se presenta durante el medio tiempo del Super Bowl LX de la NFL.
Bad Bunny se presenta durante el medio tiempo del Super Bowl LX de la NFL.

En el Levi’s Stadium de Santa Clara, ante millones de espectadores, el artista puertorriqueño transformó el escenario en una auténtica postal boricua. Palmeras, cañas de azúcar, postes de luz, partidas de dominó, salones de uñas y rincones que mezclaban el Viejo San Juan con Nueva York —con referencias a La Marqueta, una “Casita”, una barbería y hasta una licorería con el rótulo “Conejo”— crearon una escenografía cargada de simbolismo.

Desde el primer minuto quedó claro que no era una actuación convencional. Vestido de blanco impoluto y con un balón de fútbol americano en la mano, Bad Bunny apareció dispuesto a marcar su propio touchdown cultural. Y lo hizo.

El momento más potente llegó al final, cuando, con su himno DtMF sonando de fondo, tomó el balón y celebró un touchdown simbólico mientras gritaba: “Seguimos aquí”. Detrás de él, un cuerpo de baile sostenía las banderas de distintos países latinoamericanos. Uno a uno, el cantante había recitado sus nombres con intensidad, antes de alzar la bandera de Puerto Rico.

En el estadio, la pantalla lo dejó claro en español: “Medio tiempo del Súper Tazón”. Un detalle que no pasó desapercibido.

La frase que coronó el espectáculo resumió el espíritu de la noche: “Juntos somos América”. Una reivindicación del concepto de América como un continente diverso y plural, más allá de su asociación exclusiva con Estados Unidos.

La actuación contó con apariciones especiales de Lady Gaga y Ricky Martin, reforzando el carácter internacional del espectáculo. La mezcla de sonidos urbanos, pop y raíces caribeñas convirtió el show en uno de los más comentados de los últimos años.

Mientras millones celebraban la puesta en escena, el expresidente Donald Trump calificó el espectáculo de “terrible”, en un comentario que, lejos de empañar el momento, amplificó aún más el impacto cultural de la actuación.

El show de Bad Bunny fue una celebración de identidad, migración, resistencia y orgullo latino. En el evento deportivo más visto del año en Estados Unidos, el artista llevó al centro del escenario símbolos cotidianos de la cultura puertorriqueña y latina, reivindicando su lugar en la narrativa estadounidense.

No fue solo un concierto de 15 minutos. Fue una declaración de pertenencia y una demostración de que la música puede convertirse en un acto de afirmación colectiva.

 
 
 

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